Sucre

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Sucre: lo tenemos todo

Hay lugares que tienen playas. Otros tienen montañas. Sucre tiene todo eso, y además lo junta en un solo estado. Aquí puedes amanecer rodeado de un paisaje desértico, almorzar sintiendo el clima fresco de la montaña y terminar la tarde viendo el atardecer en una selva húmeda que se encuentra de frente con el mar. Nos abraza el Caribe, y entre dos golfos, el de Cariaco y el de Paria, se estiran nuestras dos penínsulas: Araya y Paria.

Y aquí empezó todo. Cumaná, la primogénita del continente, fue fundada el 27 de noviembre de 1515 por el fraile dominico Pedro de Córdoba, convirtiéndose en el primer asentamiento europeo y la ciudad más antigua en tierra firme del continente americano. En esta tierra nació además Antonio José de Sucre, el Gran Mariscal de Ayacucho, y por eso nuestro estado lleva su nombre.

Cuatro parques nacionales, cuatro mundos distintos

Pocos lugares pueden presumir lo que tenemos. Mochima, que compartimos con Anzoátegui, es un espectáculo de islas, bahías, corales y aguas tranquilas donde es común que los delfines te acompañen en el recorrido en lancha. En la Península de Paria las montañas pasan los mil metros de altura y caen directamente sobre el mar. Turuépano esconde un laberinto de caños y manglares, hogar del manatí, y protege parte de los bosques inundables del delta del Orinoco. Y el Parque Nacional El Guácharo, que compartimos con Monagas, guarda montañas y bosques húmedos de la serranía, la casa del guácharo, esa ave nocturna que se orienta en la oscuridad de las cuevas y que Humboldt describió para el mundo en 1799.

Las playas que enamoran a todos

Si algo nos sobra, son costas espectaculares. Del lado de Mochima, enamoramos a los visitantes con aguas cristalinas en lugares como Playa Colorada, Arapito y las famosas arenas de San Luis. Hacia el eje pariano, la naturaleza nos regaló a Playa Medina y Puipuy, rodeadas de inmensos cocoteros y reconocidas como unas de las playas más hermosas de toda Venezuela. Y si buscas un ambiente totalmente distinto, las aguas cálidas y la arena blanca de la Península de Araya te hacen sentir en otro planeta.

Las montañas que nos dan de beber

Sucre no es solo playa. El macizo del Turimiquire regala un clima de montaña delicioso y tierras muy fértiles, y esconde algo que casi nadie imagina: es una verdadera «fábrica de agua» del oriente venezolano. Allí se levanta el Cerro La Tristeza, con una altura reportada de entre 2.596 y 2.660 metros sobre el nivel del mar, un punto donde se encuentran las fronteras de Sucre (municipio Montes), Anzoátegui (municipio Freites) y Monagas, y la cumbre más alta de los tres estados. En su ladera norte, del lado de Sucre, nace el río Neverí, que baja en dirección oeste hasta entrar en Anzoátegui.

Y el embalse del Turimiquire, que también está en nuestro estado, abastece principalmente a ciudades como Cumaná, Marigüitar y Araya, cruza el mar hasta la isla de Margarita, en Nueva Esparta, y beneficia además a sectores de Anzoátegui. Es decir, mucha gente que quizás nunca ha pisado Sucre toma agua que nace en nuestras montañas.

Y como si fuera poco, la naturaleza nos dio fuentes de aguas termales y balnearios únicos para relajarse al máximo, como el famoso complejo de las Aguas de Moisés o la Poza Azul en Casanay.

El sabor de nuestra tierra

Y por supuesto, todo este viaje visual viene acompañado de nuestra gente y nuestro sabor. Tenemos el orgullo de cultivar y procesar uno de los mejores cacaos del mundo en las haciendas de Paria. Eso, sumado a un buen plato de pescado fresco a la orilla del mar, hace que recorrer Sucre sea una experiencia que te atrapa por todos los sentidos.

Eso es Sucre: playas, selva, desierto, montaña, historia y agua. Y apenas estás empezando a conocerlo.

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